EEG

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EEG (ELECTROENCEFALOGRAMA)

Definición


El EEG (electroencefalograma) es una prueba neurofisiológica consistente en el registro de la actividad eléctrica del cerebro generada por la comunicación de las neuronas entre sí, mediante un equipo especial denominado electroencefalógrafo (Giménez, 2011).

La actividad eléctrica cerebral genera unas mínimas señales eléctricas, de una magnitud de microvoltios (Artieda González-Granda), que pueden ser captadas mediante electrodos situados sobre el cuero cabelludo. Estas señales son amplificadas y se pueden representar en una pantalla o registrar en una gráfica en papel continuo (Giménez, 2011).

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                                                           (Hospital Agraz)


Operativamente, el EEG es “la diferencia de voltaje entre dos lugares de registro diferentes sobre el cuero cabelludo, graficada con respecto al tiempo” y, fisiológicamente, es “la suma de la actividad eléctrica generada por potenciales postsinápticos inhibitorios y excitatorios de las células piramidales en la corteza cerebral” (Mercado, 2016).

La señal resultante de la actividad eléctrica del cerebro puede definirse por su irregularidad (Rosales, 2016). El registro EEG se clasifica por frecuencia, resultando cuatro bandas de frecuencia: beta (frecuencia de 13 y 30 Hz por segundo y una amplitud de hasta 20 pV), alfa (8 y 12 Hz y entre 25 y 100 pV), theta (4 a 7 Hz y una amplitud superior a 20 pV) y delta (ondas menores de 4 Hz); existiendo, además, otros dos tipos de ritmo: gamma (ondas por encima de 35 Hz) y el ritmo sensoriomotor (ondas cercanas a 12 - 14 Hz) (Rosales, 2016).

La actividad eléctrica cerebral tiene una relación inversa entre frecuencia y amplitud y, si utilizamos métodos espacio-temporales o estratégicos, obtenemos un cuadro gráfico del campo potencial del cerebro, lo que se llama mapa cerebral (Rosales, 2016).

La detección de respuestas EEG de corta duración ante estímulos concretos sensoriales (auditivos, visuales o táctiles) se llaman respuestas medias evocadas o potenciales evocados promediados (PEP), siendo los PEP respuestas sobreimpuestas a la actividad EEG producidas por la repetición de un mismo estímulo (Rosales, 2016).

Las respuestas evocadas pueden ser específicas (de baja latencia, desarrolladas en el área cortical de proyección primaria) o inespecíficas (de mayor latencia y registradas en diferentes zonas de la corteza cerebral) (Rosales, 2016).


Preparación para la realización de un electroencefalograma


El examen lo realiza un técnico especialista en electroencefalografías (EEG) en un consultorio médico, en un hospital o en un laboratorio (U.S. National Library of Medicine, 2016).

En general el paciente que va a someterse a esta exploración no necesita una preparación especial. Sin embargo, ha de tener en cuenta algunas consideraciones:

I. El día previo a la prueba ha de lavarse el cabello, pero evitando el uso de aceites, acondicionadores, tintes o lacas.

II. Se ha de evitar la toma de sustancias estimulantes, como la cafeína, durante las 24 horas previas.

III. La toma de determinados medicamentos puede alterar los resultados de esta prueba, por lo que el paciente deberá comentar con el médico qué fármacos está tomando por si hubiera de interrumpir la toma de alguno de ellos antes de que le realicen el electroencefalograma (U.S. National Library of Medicine, 2016).

Los electrodos se colocan sobre el cuero cabelludo y se mantienen en el sitio gracias a un gel conductor y/o a un gorro de plástico. Los electrodos, generalmente unos 15 pares, están repartidos de forma estandarizada por todo el cuero cabelludo y siguen una denominación internacional para que los registros obtenidos sean comparables y reproducibles, independientemente del lugar y el momento. La comparación de las señales eléctricas entre distintos electrodos permite obtener numerosos trazados distintos, lo que va a permitir explorar la actividad cerebral desde distintos lugares, que va a servir incluso para estudiar determinadas zonas cerebrales específicas. El examen electroencefalográfico dura aproximadamente una hora (Giménez, 2011).

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Suelen realizarse varios registros electroencefalográficos, uno en condiciones de reposo que se denomina EEG basal; y otro u otros tras el empleo de procedimientos o maniobras que estimulan la actividad cerebral, lo que se denomina EEG tras estimulación. La estimulación puede desencadenar una alteración de la actividad cerebral y facilitar el diagnóstico de la enfermedad. Asimismo, puede realizarse un registro continuo del EEG durante 24 horas y durante el sueño para ayudar al diagnóstico médico (Giménez, 2011).

Es una prueba indolora. Los electrodos adheridos al cuero cabelludo pueden causar una sensación extraña, pero el registro electroencefalográfico no causa la más mínima molestia, ni siquiera genera ninguna sensación (U.S. National Library of Medicine, 2016). Los electrodos no transmiten electricidad al organismo, sino que captan y registran la que se produce en el cerebro (Revista Médica Saludemia).

Ver vídeo de la preparación para la prueba: [1]


Antecedentes científicos del electroencefalograma (EEG)


Teniendo en cuenta que el EEG es una manifestación de los ritmos eléctricos del cerebro, debemos remontarnos al año de 1770 en el cual el italiano Luigi Galvani publicó sus observaciones sobre la electricidad animal, demostrando la existencia de “electricidad animal intrínseca“, pero sus observaciones no tuvieron mayor impacto. En los años 1848 y 1849, Emil de Bois Raymond publicó el libro “Investigaciones sobre la Electricidad Animal” (Palacios, 2002).

Las primeras descripciones sobre la existencia de una actividad eléctrica del cerebro fueron efectuadas por el fisiólogo inglés Richard Caton (1842 – 1926), profesor de fisiología en la Escuela Real de Medicina de Liverpool quien, con sus investigaciones con perros, sentó las bases para que Hans Berger descubriera la actividad de las ondas alfa en el cerebro humano (Palacios, 2002).

El padre de la EEG humana fue Hans Berger (1873 – 1941), neurólogo alemán, jefe de la Unidad de Psiquiatría de la Universidad de Jena (Alemania) (Wikipedia).


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Tras meditar sobre el funcionamiento del cerebro, Berger dedujo que debían existir necesariamente ondas cerebrales e imaginó que podrían detectarse si se instalaban electrodos sobre el cuero cabelludo. Obtuvo el consentimiento de una persona para la prueba y le colocó unos electrodos sobre su cuero cabelludo conectados a un potente y sensible galvanómetro. Pasados unos instantes, vio que su galvanómetro detectaba la producción eléctrica oscilante de su paciente. Berger consideró este hallazgo suyo tan extraordinario que quiso repetirlo y estudiarlo antes de darlo a publicidad (Wikipedia).

El 6 de julio de 1924, logró su primer registro en un individuo de 17 años con un defecto en la tabla ósea del cráneo. Posteriormente realizó registros en sujetos con el cráneo intacto. Su hijo Klaus fue utilizado para 73 registros entre los 15 y los 17 años de edad. De hecho, los primeros registros electroencefalográficos publicados, fueron precisamente éstos. Utilizó diferentes tipos de electrodos (agujas de zinc, de platino, de pomo y de otros materiales) colocados en el cuero cabelludo. Los mejores resultados fueron obtenidos cuando se fijaban en la frente y en el occipucio. Para realizar registro electroencefalográfico en humanos, utilizaba electrodos de aguja y un galvanómetro de cuerda con un espejo en el que se reflejaba luz que a su vez permitía la exposición de papel fotográfico de bromuro de plata que se movía a 3 cm por segundo (la misma velocidad que utilizamos hoy en día) (Palacios, 2002).

En 1929 publicó su descubrimiento, la actividad eléctrica cerebral espontánea en humanos, describiendo en su publicación los trabajos previos de Caton. Designó con letras del alfabeto griego los dos tipos de ondas que había observado desde el principio en los trazados realizados a seres humanos. Las de mayor voltaje y menor frecuencia fueron denominadas ondas alfa, las de menor voltaje y mayor frecuencia, ondas beta (Palacios, 2002).

Fue en el Congreso Internacional de Psicología de París en 1937 cuando recibió el reconocimiento de sus colegas y, si bien hasta 1950-60, con el perfeccionamiento tecnológico, no se generalizaría la electroencefalografía, Berger sentó las bases interpretativas de la naciente técnica, extrayendo numerosas y muy acertadas conclusiones. Descubrió las ondas alfa y beta generadas por el córtex cerebral de los sujetos sanos; comprobó cómo las ondas alfa desaparecían con la apertura palpebral dando paso a las beta, y cómo este fenómeno se reproducía en respuesta a otros estímulos sensoriales, concluyendo que el ritmo alfa era la actividad fundamental del córtex cerebral; y describió los efectos de los narcóticos sobre el EEG, por ejemplo (Historia de las Neurociencias, 2010).


EEG, prueba neurofisiológica


La Neurofisiología es la parte de la Fisiología que estudia el sistema nervioso, siendo la fisiología la ciencia biológica que estudia la dinámica de los organismos vivos. En la práctica la Neurofisiología estudia la dinámica de la actividad bioeléctrica del sistema nervioso (Wikipedia).

La Neurofisiología clínica es una sub-especialidad médica que, fundamentada en los conocimientos de las neurociencias básicas, tiene como objetivo la exploración funcional del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal), sistema nervioso periférico (nervios y órganos de los sentidos) y sistema nervioso vegetativo o autonómico (simpático y parasimpático), utilizando tecnología altamente especializada con fines diagnósticos, pronósticos y de orientación terapéutica (Wikipedia).

La Neurofisiología se fundamenta en los estudios del Premio Nobel español Santiago Ramón y Cajal, quien en 1891 postuló la Ley de la polarización dinámica de las neuronas. Esta Ley indica que las corrientes, que conducen información bioeléctrica, en las células nerviosas (neuronas) fluyen desde las ramificaciones dendríticas hacia el cuerpo de la neurona, donde se procesa dicha información, y de éste hacia las ramificaciones terminales o axones, para contactar a través de la sinapsis con otra u otras neuronas (Wikipedia).

Dentro de las técnicas diagnósticas de la especialidad de Neurofisiología clínica se encuentra la electroencefalografía, junto con la electromiografía, los potenciales evocados, la magnetoencelografía y la cartografía cerebral, entre otras (Wikipedia).


El encéfalo, la parte superior y más voluminosa del sistema nervioso central del ser humano, está compuesto por el cerebro, el tronco del encéfalo y el cerebelo. Es el conjunto más complejo y sofisticado de nuestro organismo y ejecuta, regula, controla y coordina las más importantes funciones del mismo, como el procesamiento de la información sensorial, el control y la coordinación del movimiento, la regulación de múltiples procesos bioquímicos y metabólicos de nuestro organismo, etc. Pero también es responsable de la cognición, las emociones, la memoria, el comportamiento y el aprendizaje (Revista Médica Saludemia).

Todo ello está condicionado por el desarrollo de procesos electroquímicos (neuroquímicos) que generan impulsos eléctricos a diferentes frecuencias y amplitudes, que son los que se registran con el electroencefalógrafo, generando una gráfica cuya interpretación por parte del neurólogo ofrece información precisa sobre el funcionamiento del encéfalo (Revista Médica Saludemia).


El EEG aplicado a la detección de mentiras


El electroencefalograma (EEG), al registrar la actividad eléctrica del sistema nervioso central, es el instrumento o técnica psicofisiológica utilizada en Psicología Social y Psicología de los Grupos para Investigaciones a nivel de análisis intra-personal (Clemente, 1992). Por ejemplo, el trabajo de McMilen y Geiseman (1974) utilizando las ondas alpha del EEG para evaluar el arousal en la disonancia (McMillen & Geiselman, 1974).

Las señales eléctricas del cerebro están asociadas con diversos tipos de funciones cognitivas que permiten un acercamiento a la explicación del comportamiento de cualquier persona. El estudio tradicional de la mentira hace énfasis en la observación de aspectos verbales y no verbales, pero no ha considerado en profundidad estos métodos, ni tampoco la forma en que a nivel cortical se procesan respuestas verbales falsas y verdaderas, o el tiempo de elaboración de la mentira, las creencias sobre quién miente y las expresiones de quienes realizan el acto. (Camargo, Urrea, & Mongui, 2016).

Desde una perspectiva Neurofisiológica, el estudio de patrones asociados a la Mentira ha sido servido para identificar el grado de validez de los procesos cognitivos implicados en la elaboración de mentiras. Los estudios en EEG pueden aportar luz en esta área ya que registran la actividad eléctrica del cerebro. Entre los equipos de EEG está el Emotiv-Epoc que, entre sus diversos usos, puede estar el hecho de considerar la posibilidad de evaluar la verosimilitud del testimonio de un individuo en términos electroencefalógraficos (Camargo, Urrea, & Mongui, 2016).

Generalmente, los procedimientos utilizados para medir el grado de veracidad en un evento específico corresponden a la técnica del polígrafo y a la entrevista cognitiva (EC), pero no ponen énfasis en las respuestas electroencefalógraficas. Con equipos tecnológicamente avanzados, como el Emotiv-Epoc, es posible evaluar como técnica alternativa complementaria, o quizás como técnica de base para otros procedimientos, el registro de actividad neuronal recolectado para confirmar si los datos obtenidos representan indicadores de procesos cognitivos implicados en elaboración de mentiras (Camargo, Urrea, & Mongui, 2016).

El sistema Emotiv-Epoc es un hardware inalámbrico para leer señales eléctricas cerebrales EEG. El equipo comprende 16 electrodos, cada uno de los cuales entrega una señal de actividad cerebral y un software para adquisición, procesamiento, monitoreo y visualización de las mismas. Basado en la forma e intensidad de las señales recibidas en cada uno de los 16 canales, el Emotiv-Epoc permite modelar mapas cerebrales que son resultado de la forma en que se procesa la información (Camargo, Urrea, & Mongui, 2016).

El equipo, permite clasificar los campos eléctricos que producen diferentes pensamientos en un individuo y, posteriormente, determinar que pensamiento o estímulo en particular es el que está procesando el cerebro. Las 16 señales entregadas por Emotiv-Epoc pueden ser analizadas matemáticamente (Camargo, Urrea, & Mongui, 2016).

El EEG permite observar cómo reacciona el cerebro ante ciertas imágenes o palabras conocidas o desconocidas o incluso preguntas (Abootalebi, Moradi, & Khalilzadeh, 2009). Se puede estudiar la actividad cortical durante la realización de tareas, el procesamiento de la información cognitiva y emocional o el sueño (López L., 2016).

Como el EEG indica las zonas del cerebro en las que se está produciendo mayor actividad, las ondas cerebrales pueden convertirse en un instrumento poderoso para inferir la culpabilidad de un sospechoso. La onda P300 es de interés para las investigaciones sobre detección del engaño (Petisco J. M., 2017).

Los potenciales evocados se pueden detectar a través del EEG. La P300 aparece reflejada en el registro EEG cuando una persona se le presentan una serie de estímulos y uno de ellos le resulta especialmente significativo (reflejo de orientación) (Petisco J. M., 2017). Los EEG son máquinas que captan y reflejan la actividad cerebral desde el exterior, sin intervención interna y directa sobre el cerebro humano (González, 2014).

Según los estudios de Rosentfeld y colaboradores, ante un ítem significativo de cada pregunta, la P300 recogida por un EEG muestra determinadas características en su tamaño y amplitud que no aparecen ante los demás ítems (Rosenfeld, Angell, Johnson, & Quian, 1991) y (Petisco J. M., 2017).

La “prueba de la P300” se obtiene a través de un EEG y mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo es expuesto a un estímulo (visual, auditivo, etc.). Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe concentrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y/o sonidos. Las señales recogidas por los electrodos son amplificadas y presentadas en un monitor.

La tasa de precisión de esta prueba aumenta cuando se hace uso junto al protocolo GKT - Guilty Knowlwdge Test (Test de Conocimiento Culpable) o junto al protocolo CIT - Concealed Information Test ( Test de Información oculta). Diversos estudios sobre la efectividad de la onda P300, empleando la prueba de conocimiento culpable, muestran niveles altos de exactitud en la clasificación de los sujetos como culpables o inocentes. La prueba de conocimiento culpable conlleva una forma de interrogatorio presentándole al sujeto cada pregunta con un formato de respuesta múltiple. Cada pregunta hará relación a un único detalle del crimen y todas las alternativas que se presenten deben ser igualmente plausibles, pero sólo una de ellas se referirá al delito tal y como ocurrió (Jose Manuel Petisco, 2015).

Lo fundamental a la hora de diseñar los distintos estímulos es tener claro qué detalles conoce la persona que ha cometido el delito y que no pueden conocer las personas inocentes. Por tanto, es fundamental al diseñar la prueba tener en cuenta qué informaciones se han filtrado por medios de comunicación. En este sentido, un meta análisis reciente pone de manifiesto los efectos perjudiciales de la fuga de información y como, una vez que los elementos relevantes se filtraron a un sospechoso inocente, ya fuera a través de los medios de comunicación o durante las investigaciones policiales, toda la razón de ser de la prueba se ponía en peligro al producirse un gran número de falsos positivos (considerar a alguien culpable siendo inocente) (Petisco J. M., 2015).

Las tasas de acierto en estudios de laboratorio examinando la precisión del GKT usando el EEG para medir las ondas P300 es del 82,29% de aciertos de culpabilidad en la condición de culpable y del 87,50% de aciertos en inocencia en la condición de inocente (Aldert Vrij, 2008). Esto significa que es más fácil demostrar la inocencia que asegurar la culpa en estudios de laboratorio (González Ordi, 2017).

La posibilidad de detección del Engaño mediante el análisis del cerebro se realiza mediante el estudio de las diferentes conexiones cuantificables entre el cerebro (mente y biología) y el comportamiento humano. Las alteraciones en la hemodinámica del cerebro y de la actividad eléctrica representan los orígenes fisiológicos del engaño. Así, sobre la base del EEG, la huella digital del cerebro fue desarrollada y patentada por Lawrence Farwell, un psicólogo y uno de los muchos profesionales que trabajan en la aplicación del EEG en la detección de mentiras (López R., 2014).

Laurence Farwell ha desarrollado el P300-MERMER. Utiliza la evaluación de la onda P300 y otras señales EEG y psicofisiológicas con un protocolo tipo CIT-GKT. Evalúa memoria de reconocimiento de estímulos familiares (palabras, frases, imágenes, fotos, … etc) presentados mediante ordenador (Farwell, 2012).

La técnica de Farwell mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo se expone a un estímulo. Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe centrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y sonidos. En el momento del reconocimiento de alguno de estos elementos el sujeto deberá pulsar el botón SI, si no lo reconoce, el botón NO. Las respuestas conscientes no son necesarias para que la prueba funcione. La señal eléctrica utilizada es la P300 fuera del control consciente. La huella digital del cerebro produce un registro de reconocimiento del estímulo a través del catálogo de información almacenada en el cerebro del sujeto analizado (López R., 2014).

Farwell compara el cerebro con un disco duro capaz de almacenar y recuperar información, por lo que la memoria de ciertos acontecimientos importantes (como puede ser la comisión de un delito grave) estará intacta mucho tiempo después de haber ocurrido los hechos. De esta manera, argumenta que la actividad eléctrica del cerebro y la hemodinámica, no pueden ser deliberadamente manipulados por los sospechosos. Así, pueden contener la respiración, morderse la lengua, intentar frenar su ritmo cardíaco, pero ninguna de estas tácticas que si pueden desbaratar los resultados del polígrafo tendrá ningún efecto sobre las técnicas basadas en el cerebro (López R., 2014).

Según la teoría de FARWELL, el hecho clave incriminatorio produciría una onda P300 que se manifestaría nítidamente, una vez aislada la señal P300 del ruido de fondo mediante un algoritmo específico. De ese modo, el investigador descubriría la verdad o la mentira de la respuesta, al delatarse el sujeto por la onda P300. En definitiva, el referido procedimiento no es otra cosa que un detector de mentiras que pretendería descubrir cuando se dice o no la verdad con base en la detección de la onda P300 que manifestaría una especial actividad mental producida por el estímulo de la pregunta o la imagen relacionada con el delito (González, 2014).


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Según FARWELL, su máquina patentada tiene un 99% de fiabilidad y afirma poder saber si un sujeto guarda o no en su cerebro recuerdos de un hecho pasado, de modo que: «Si los criminales saben que podemos meternos en su cerebro, se lo pensarán antes de cometer un crimen, porque sabrán que no saldrán inocentes». Así, el recuerdo del hecho cometido se manifestaría en un impulso cerebral que sería captado por la máquina (González, 2014).

Tanto en el polígrafo como en esta prueba de EEG lo que se pretende es obtener la verdad a partir de la medición de ciertas magnitudes obtenidas del individuo al que se le formulan determinadas preguntas. En ambos casos las variaciones de las señales captadas por la máquina reflejarían el conocimiento, y en su caso, la comisión de un determinado hecho pasado (González, 2014).


EEG en la simulación de enfermedades


En cuanto a la simulación de enfermedades como medio fraudulento de evadir ciertas responsabilidades, inspirar lástima o beneficiarse económicamente, para el diagnóstico se ayudan de pruebas psicológicas y otros exámenes complementarios dependientes de la información funcional o morfológica para descartar un verdadero trastorno o enfermedad. A pesar de que ninguna técnica aisladamente puede por separado constituir criterio definitorio, existen algunas que se utilizan de forma sistematizada en la práctica pericial y son útiles para el diagnóstico de simulación. De acuerdo con las características del cuadro alegado o imitado, se utilizarán otras pruebas psicológicas para precisar o descartar la enfermedad (Pérez Milan, 2007).

Las pruebas de evaluación neuropsicológica son un elemento esencial en el estudio de las funciones psíquicas en general y cognitivas del sistema nervioso central. Las funciones que posiblemente se evalúan son la atención/concentración, la memoria, la velocidad de procesamiento de la información, y la destreza y la velocidad motora. La aplicación de pruebas neuropsicológicas tiene gran utilidad en psiquiatría forense para la exploración indirecta del evaluado, aun ante falta de cooperación (Pérez Milan, 2007).

La exploración se realiza por medio de baterías automatizadas de tests psicológicos o se diseñan paradigmas basados en tareas neuropsicológicas específicas, con resultados pautados en controles, que exploran funciones cognitivas y afectivas que frecuentemente están dentro de las afectaciones referidas por el simulador como la memoria, ya que el alegato de amnesia es una forma frecuente de pretender inculpación, observándose en estos casos inconsistencias en los resultados de la exploración al desconocer los simuladores que existe un conjunto de déficit y capacidades que están preservadas en los amnésicos, por lo que al evaluarse sus resultados serán diferentes a los esperados para un paciente con un déficit de memoria auténtico. Es significativo que los resultados no se pueden replicar en las mismas pruebas al aplicarlos en ejecuciones separadas (Pérez Milan, 2007).

En la ejecución de estas pruebas, es frecuente que los peritados de procesos penales muestren pobre rendimiento en tareas que exploren memoria, contrario a los resultados en simuladores envueltos en litigios laborales que evidencian un bajo rendimiento en tareas motoras y sensoriales presentando desempeños normales en tareas que exploran memoria, lo cual es comprensible a los fines que persiguen (Pérez Milan, 2007).

Además de las baterías neuropsicológicas, pueden utilizarse como ayuda al diagnóstico de simulación las técnicas electrofisiológicas que miden parámetros neurofisiológicos para objetivar los criterios médicos y en la investigación médico-legal de sujetos que simulan una enfermedad o trastorno neuropsiquiátrico, al descartar la enfermedad que el simulador imita, exagera o alega, y en el diagnóstico positivo de la auténtica presencia de enfermedad en los casos de disimulación. Entre las pruebas más utilizadas está el electroencefalograma (EEG); los potenciales evocados (PE), la electromiografía (EMG) y los potenciales relacionados a eventos (ERPs) (Pérez Milan, 2007).

Entre estos exámenes neurofisiológicos, los potenciales evocados ofrecen una importante información que demuestra la indemnidad de las vías sensoriales o motoras en sujetos que exageran o simulan invalidez y discapacidad en la evaluación forense de un proceso laboral en el que se pretenda reclamar cualquier indemnización económica u obtener la incapacidad laboral por padecer supuestos daños cognitivos, visuales, auditivos o motores. Ejemplos evidentes de cuadros que pueden acompañarse de las características antes descritas son los traumatismos craneoencefálicos leves (síndrome post-conmocional) y el síndrome del latigazo cervical, ambas afecciones combinan síntomas cognitivos, neurológicos y emocionales. Los potenciales evocados pueden utilizarse con la aplicación de los mismos paradigmas junto a la evaluación neuropsicológica (Pérez Milan, 2007).

Los potenciales relacionados a eventos (ERPs) permiten el estudio de los procesos cognitivos y sus alteraciones, la memoria y la atención. Técnicamente los ERPs, en el organismo intacto, se registran con los mismos procedimientos del EEG, pero, a diferencia de este, para ser observados tienen que ser extraídos por procedimientos de aumento de cociente señal/ruido del curso del EEG. La propiedad de que los parámetros o atributos básicos de estas ondas eléctricas mantengan, en sus variaciones fundamentales una relación temporal fija con los estímulos que los provocan, hace de los potenciales evocados una medida excepcional del “curso real” de los procesos psíquicos asociados al procesamiento de esas señales (cognitivas y sensoriales). Paralelamente, a partir de su origen, ofrece un criterio significativo para el estudio de las bases neurofisiológicas, funcionales de los procesos mentales. Son utilizados con gran acogida en la actualidad al revelar los procesos cognitivos que pueden servir como indicadores del reconocimiento de estímulos conocidos por el individuo bajo estudio y en la comprobación de la información que solo el sujeto conoce y esconde por razones obvias a la investigación. En estos casos se encuentran los que niegan participación en el delito como los simuladores de amnesia que pretenden algún grado de eximente por la supuesta toma de conciencia en el momento del hecho expresada como amnesia (Pérez Milan, 2007).

Farwell ha empleado los ERPs en la búsqueda de información oculta y sus trabajos han revelado que la unidad neurocognitiva puede ser automáticamente engranada, es decir, sin control de la persona, independientemente de que la persona quiera expresar lo contrario, lo cual provee de una herramienta muy útil en la detección de información crítica que pueda poseer un sujeto. Farwell ha continuado sus investigaciones en este sentido tomando como principio básico que el cerebro es el eje central de todas las acciones del ser humano y que en un acto criminal pueden o no existir muchas evidencias periféricas, pero en el cerebro siempre están presentes, ya que es donde se establecen los planes, se dirige su ejecución y se registra el crimen (Pérez Milan, 2007).

Farwell ha desarrollado la técnica que denomina MERMER (siglas en inglés de Respuesta Electroencefalográfica Multifacética Relacionada con Memoria y Codificación). Este es un subcomponente de la P300 que se utiliza para determinar si un sujeto tiene información almacenada en su cerebro (Información Presente) cuando se procesa la información significativa que reconoce o al no procesarse por no resultar significativa (Información Ausente) lo cual es un indicador de haber participado o no en eventos de la vida real. Con este potencial se mide el patrón de respuesta del cerebro hasta 1200 milisegundos después de que se administra el estímulo y aparece cuando una persona reorganiza y procesa un estímulo que es particularmente notable para ella. Los ERPs pueden ser muy valiosos en las investigaciones criminales siempre que sean seleccionados los estímulos cuidadosamente. Los paradigmas experimentales diseñados con el objetivo de obtener el MERMER cuentan con 3 tipos de estímulos: los targets o relevantes que son estímulos que contienen información relevante y notable para todos los sujetos bajo investigación, haya o no participado en el hecho objeto de investigación; los irrelevantes, que son estímulos que no tienen relación con la situación bajo investigación; y las pruebas, que son estímulos que tienen relación con la situación bajo investigación, pero que solo van a resultar significativos para aquellos sujetos que posean información crítica almacenada en su cerebro sobre el hecho que se investiga, para los que no la posean actuará como un estímulo de tipo irrelevante (Pérez Milan, 2007).

Cuando el sujeto que simula amnesia y tiene información crítica y detallada del hecho que se evalúa, al promediar la actividad electroencefalográfica obtenida ante cada estímulo, aparece el MERMER (Huella dactilar del cerebro) ante el estímulo prueba. Con los estímulos targets siempre aparece el MERMER, tanto en los controles como en los que ocultan información, ya que la información contenida en ellos es relevante para todos, y ante los estímulos irrelevantes no aparece el MERMER en ninguno de los grupos explorados (Pérez Milan, 2007).

El diagnóstico diferencial de simulación tendrá en cuenta, en primer lugar, las enfermedades o trastornos psiquiátricos y neurológicos que el sujeto intenta plagiar (Pérez Milan, 2007). Un ejemplo de aplicación del EEG para detectar simulaciones con inducción de crisis (crisis psicógenas) es el de sujetos con trastornos de la personalidad de tipo histérica o ante la sospecha de una posible simulación de crisis de naturaleza epiléptica, resulta muy útil el empleo de esta maniobra. Se le inyecta al sujeto un placebo, por ejemplo, dextrosa, informándole previamente que la sustancia administrada rápidamente va ser capaz de producir los mismos síntomas y/o manifestaciones clínicas que cuando se producen las "crisis". Mientras se va administrando el placebo se le va reforzando constantemente lo anteriormente expresado e incluso se hace referencia a que ya en el trazado electroencefalográfico van apareciendo las anormalidades típicas de un paciente epiléptico. El sujeto puede llegar a realizar movimientos, emitir sonidos mientras en su registro sólo se observa artefactos fisiológicos (actividad muscular) y no aparece ningún grafoelemento que pudiera estar relacionado con la "Epilepsia" (Calzado, 2004).


Utilización del EEG a nivel forense en España


El problema consiste en pretender que el EEG pueda ofrecer conclusiones sobre la realidad de unos hechos, de su comisión o, en su caso, sobre la culpabilidad de un sujeto. No sabemos si esto será posible algún día (González, 2014).

En una experiencia pionera en Zaragoza, España, para esclarecer el crimen de Pilar Cebrián de 51 años en 2012, se utilizó el test neurológico de Potencial de Evocación Cognitiva y el EEG junto a las ondas P300, para averiguar si su marido, Antonio Losilla, asesinó a su mujer o no. Sin embargo, la prueba no está admitida en el sistema judicial español (González, 2014) y (Petisco J. M., 2017).

Los estudios sobre los detectores de mentira, desde el polígrafo a la EEG, no tienen suficiente validez científica para constituir una prueba por sí mismos. La resonancia magnética funcional (FMRI) se ha demostrado como una de las más precisas en comparación a las anteriores y permite acceder a mayor información del cerebro, aunque ha de seguir estudiándose y desarrollándose sus aplicaciones (Petisco J. M., 2015).

En los EEUU, esta técnica ha sido decisiva para condenar a un sospechoso, James B. Grinder, acusado de la violación y homicidio de Julie Helton en 1984 (Petisco J. M., 2017).

Behavior & Law


Limitaciones


Si bien el EEG es una técnica diagnóstica fácil de realizar, barata y no invasiva, hoy en día, las modernas técnicas de neuroimagen como la tomografía computadorizada (TAC o escáner) y la resonancia magnética funcional (RFMi) han sustituido al electroencefalograma en el estudio de muchas enfermedades cerebrales localizadas (Giménez, 2011).

La EEG tiene buena resolución temporal, pero su resolución espacial es limitada al número de electrodos (Monge & Fernández, 2011).

La aplicabilidad de la prueba es limitada por problemas de selección de estímulos críticos reconocibles para los culpables y que no lo sean para los inocentes. Aparecen riesgos de la fuga de la información crítica. (Rosenfeld, Angell, Johnson, & Quian, 1991) y (Petisco J. M., 2017).

Solo puede emplearse con detalles críticos altamente significativos para los sujetos analizados (Petisco J. M., 2017).

El trascurso de un excesivo tiempo desde el hecho hasta la realización de la prueba EEG puede hacer que los examinados culpables no recuerden determinada información (Rosenfeld, Angell, Johnson, & Quian, 1991) y (Petisco J. M., 2017).

En laboratorio, las pruebas de EEG son intrusivas y conllevan incomodidad para los sujetos examinados (Petisco J. M., 2017).

José Manuel Petisco


Bibliografía


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