Activation Decision Construction Model (ADCM)

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ADCM (Activation Decision Construction Model)

Desde sus inicios la detección de la mentira estuvo directamente relacionada a que el ser humano muestra cambios de conducta espontáneos que pueden ser observables. Actualmente gracias a las integraciones meta-analíticas se ha logrado determinar que los indicios mencionados no son tan normales. Estas nuevas teorías han obligado a efectuar un cambio de orientación en las investigaciones relacionadas con la detección de la mentira desarrollándose a través de dos caminos distintos y diferenciados a efectos de abordar el tema ( (Masip, 2015. Vol. 36(2)):

(1). Desarrollo de estrategias activas de entrevista para detectar mentiras.

(2). Empleo de indicios contextuales (en lugar de conductuales) de la mentira.

Índice:

1.- Antecedentes.

2.- La Técnica Meta-Analítica.

3.- Definición de ADCM.

4.- Activation-Decision-Construction Model.

5.-Críticas.

6.- Referencias.


Antecedentes

Desde sus orígenes mentir se ve como algo que esta moralmente penado y que hacerlo para sacar un provecho no es correcto. A comienzos del 2006 un psicólogo social (Charles BOND) recluto a un selecto grupo de investigadores (90 investigadores, Global Deception Research Team) para realizar un estudio internacional (en alrededor de 75 países) que tenía como tarea principal examinar y comparar las creencias sobre los indicadores del engaño en todo el mundo. Las conclusiones a las que se arribaron indicaron que no hay mayores diferencias con respecto a las creencias sobre los indicadores del engaño alrededor del mundo. Varios autores coinciden en señalar que la gente en general cree que la forma de detectar el engaño es a través de indicadores conductuales que son perfectamente observables (Global Deception Research Team, 2006; Masip y Herrero, 2015; Strömwall, Granhag y Hartwig, 2004). Ya en la década de 1970 Ekmann y Friesen propusieron la “hipótesis del filtraje” (Anuario de psicología jurídica, 2000, Masip , Guerrero) que sostenía que “…las emociones cuya expresión facial se oculta o se enmascara con la expresión de una emoción alternativa pueden “filtrarse”, revelando así los verdaderos sentimientos del comunicador”. Otros autores como Zuckerman, Herrero, Masip, Guerrero posteriormente plantearon que las personas cuando mientes pueden presentar el Arousal (activación psicofisiológica), emociones como la vergüenza, culpa o el miedo a ser descubierto, una mayor carga cognitiva dando lugar a ciertas conductas observables. También en 1994 Buller y Burgon justificaron la presencia de indicadores conductuales mientras se miente los cuales pueden ser observables. Contemporáneamente De Paulo (2003) a través de marco teórico extraído de un complejo meta-análisis realiza ciertas hipótesis sobre algunas posibles claves de la mentira. Como conclusión se podría afirmar que las diferentes perspectivas teóricas tradicionales en detección de la mentira muestran que mentir da entrada a señales conductuales que delatan al mentiroso y que a través de la observación un buen detector estaría en condiciones de detectar a un mentiroso, ya que estas señales conductuales acabarán viéndose en definitiva en su conducta. En la actualidad la premisa anteriormente expuesta se ha indicado como errónea, los estudios e investigaciones no han permitido determinar que las señales conductuales determinan con certeza si se está mintiendo o no.

La Técnica Meta-Analítica

La investigación basada en la técnica de revisión narrativa se tornó con el paso del tiempo muy engorrosa, con numerosos sesgos, subjetivas y en algunos casos arbitrarias es por ello que se buscó una metodología que permitiera obtener revisiones más rigurosas y sistemáticas de la literatura científica; que brindaran conclusiones más precisas (Juan Botella, Hilda Gambara Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid). De esta manera a través de esta técnica se ha logrado realizar numerosas inferencias en el campo del comportamiento.

¿Qué es un meta-análisis?

Un meta-análisis (Botella y Gambara, 2006; Sánchez, Meca y Botella, 2010) es una metodología de investigación ideada para revisar, ordenar y sintetizar los resultados de una pregunta de investigación “es una integración cuantitativa de la investigación en torno a una pregunta científica concreta” (Botella, J. y Gambara, H. (2002). Qué es el Meta-Análisis. Madrid: Biblioteca Nueva).

Haciendo uso de procedimientos estadísticos se puede:

(a) traducir los resultados de estudios dispares en que se han podido emplear escalas de medida distintas a una “métrica común” (el tamaño o magnitud del efecto).

(b) promediar tales tamaños del efecto ponderándolos de modo que las muestras más representativas “pesen más”

(c) llevar a cabo análisis de variables moderadoras, es decir, contestar a preguntas tales como “¿bajo qué condiciones son mayores las diferencias?” o “¿cuándo son/no son significativas?”

Además, este tipo de revisiones sistemáticas también no solo nos permite identificar como estamos desarrollando la investigación en un campo en particular, también qué aspectos han sido cubiertos y cómo, o cuales son las falencias de la misma, que no hemos tomado en consideración y que faltaría tratar para completarla, así como las técnicas que más se han empleado y aquellas otras que aún no hay modelos construidos, en pocas palabras nos traza la “hoja de ruta de la investigación”.

A través de recientes meta-análisis sobre las tradicionales teorías de detección del engaño se ha presentado un panorama desolador tanto en lo referente a la utilidad diagnóstica de los supuestos “indicadores del engaño” como en relación con la capacidad de los humanos para detectar mentiras. Obteniéndose las siguientes conclusiones entre otras:

a) La noción de que el acto de mentir se asocia con indicadores conductuales no se sostiene (De Paulo et al, 2003), el mito de que la mentira se refleja unívocamente en la conducta observable es falso (Masip, 2005).

b) Si apenas hay indicadores que diferencien entre verdades y mentiras, entonces la capacidad de la gente para identificar comunicaciones sinceras o falsas será escasa (Aamodt y Custer, 2006 y Bond y DePaulo, 2006), determinaron que las personas podemos identificar a los veraces de los mentirosos solo en el 54% de los mensajes recibidos lo que apenas supera en un 4% el azar. Resumiendo se podría afirmar que los seres humanos somos incapaces de determinar si alguien miente o dice la verdad a partir de la observación de su conducta.

c) Una serie de meta-análisis de Hartwig y Bond (2011) muestran que el camino para aumentar la precisión de la detección no es entrenar a las personas a atender a ciertas claves conductuales, sino emplear estrategias para incrementar las diferencias conductuales entre mentiras y verdades.

d) Algunos meta-análisis determinaron que los programas de entrenamiento pueden sesgar los juicios más que aumentar la capacidad de discriminación.

La revisión meta-analítica reveló que hay muy pocos indicadores conductuales que permitan diferenciar entre verdades y mentiras y que su valor discriminatorio cambia de una situación a otra. Los mismos mostraron que las diferencias al detectar el engaño entre la persona común y corriente y los “expertos” alcanzaban niveles que no superaban en mucho al azar y además que los programas de entrenamiento tienen poca efectividad llegando a provocar un sesgo grande en sus juicios. Lo anteriormente mencionado obligó a inferir claramente que los indicadores verbales y no verbales de la mentira estaban en punto muerto y que se hacía más que necesario cambiar la óptica de la investigación dando un giro en la orientación para la detección del engaño.

Según Levine (2014) los cambios de orientación mencionados van en dos direcciones claramente distintas. Una de ellas continúa con la idea de examinar los indicadores conductuales, se explica esta ya que sabemos que las diferencias en las señales conductuales entre verdades y mentiras son muy pequeñas o casi imperceptibles entonces deberíamos magnificarlas para que sean más visibles a los detectores, propuesta presentada por Hartwig y Bond (2011).

¿Que encontramos de distinto con la teoría tradicional?

Esta radica en que ya no esperaríamos a que el emisor haga visibles sus señales conductuales de forma espontánea o que el detector pueda observarlas estudiando la conducta del emisor. Lo que se pretende, es que el receptor de las señales, tenga un papel más pro activo, tratando de actuar de manera tal de que las señales del emisor se hagan visibles (Vrij y Granhag, 2012). Estamos observando de esta manera un gran giro en la investigación de la detección del engaño, llevando este al ámbito de técnicas de entrevistas e interrogatorios a sospechosos.

El otro camino tomado por la minoría y asimismo menos conocido, se basa en la inferencia de que si estas diferencias en las señales conductuales entre la verdad y la mentira son tan pequeñas, entonces se deberían buscar señales no-conductuales, es decir, tal vez hayan otro tipo de indicios que permitan inferir el engaño, más del tipo contextual o situacional, esta orientación es llevada adelante por Blair et al. (2010) y Blair, Levine, Reimer y McCluskey (2012).

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